sábado, 20 de junio de 2015

“El síntoma se denomina calentamiento climático, pero la enfermedad se llama capitalismo”

Por Emma Rodríguez  / Letras Sumergidas   

Entrevista con el filósofo español, profesor universitario y activista ecológico, Jorge Riechmann, quien afirma que “estamos consumiendo el planeta como si no hubiera un mañana”; que “lo que hace falta son transformaciones estructurales profundas, casi revolucionarias”.
Denomina Jorge Riechmann al siglo XXI como “el siglo de la gran prueba” o como “la era de los límites”. Nos dice que “estamos consumiendo el planeta como si no hubiera un mañana”; que “lo que hace falta son transformaciones estructurales profundas, casi revolucionarias” y que ya no podemos confiar en que será la generación de nuestros nietos la que las lleve a cabo, porque estamos en “tiempo de descuento”.
Todo esto nos lo cuenta en Autoconstrucción, uno de esos libros que funcionan como un aldabonazo en las conciencias, que sacuden el letargo y conducen a plantear la gran pregunta: ¿Estamos aún a tiempo de salvar el planeta? Es un interrogante que el propio autor abre una y otra vez en en el recorrido de un ensayo esclarecedor que nos invita a tomar conciencia de la urgencia de la lucha ecológica, de la necesidad de avanzar lo más suavemente que se pueda hacia sociedades de la sobriedad, de la contención, de otro tipo de realizaciones y plenitudes no asociadas a la adquisición constante de pertenencias, de propiedades, de productos de consumo.
Profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista, miembro de Ecologistas en Acción y desde hace poco del Consejo Ciudadano de Podemos, Riechmann va desgranando un buen puñado de verdades, de reflexiones incómodas, pero absolutamente necesarias, en esta Autoconstrucción, subtitulada La transformación cultural que necesitamos, que nos anima a pensarlo todo de otra manera, a encontrar nuevas palabras, nuevos vínculos, nuevas imágenes para situarnos frente a un presente de resquebrajamientos y de oportunidades de cambio. “Jamás se había hablado tanto sobre las desigualdades sociales, jamás se había hecho tan poco para reducirlas… Nunca se había hablado tanto los daños ecológicos, y nunca se ha hecho tan poco para delimitarlos”, leemos muy al comienzo de un libro que traza un magnífico diagnóstico de dónde estamos y hacia dónde podemos dirigirnos.
El autor es consciente de que el pesimismo no está de moda, de que el continuo estímulo del pensamiento positivo se puede llegar a convertir en una conveniente cortina de humo, de que a muchos se les llena la boca con la palabra “buenismo” para definir cualquier propósito de solidaridad, de compasión, de cooperación, de igualdad, de que los ecologistas son vistos en muchas ocasiones como catastrofistas y agoreros dispuestos en todo momento a chafar una fiesta en la que muchos siguen pasándolo bien, a costa de mayorías cada vez más empobrecidas e indefensas. Todo parece estar en contra, pero no cabe la resignación, la no resistencia. “Hay esencialmente dos opciones político-morales. La de quienes desean un mundo de amos y esclavos, por una parte; y la de quienes luchan por un mundo de iguales. Al poder del dinero y de las armas, el segundo grupo solamente puede oponer la fuerza de la organización”, abre Riechmann un cauce de futuro.
No deja de haber autocrítica en el trayecto y tampoco falta el realismo, grandes dosis de realismo que parten de la constatación de las dificultades, de los enormes retos. Y, por supuesto, se revelan hechos y se ofrecen datos, hechos y datos que hablan por sí solos y que, nos guste o no, indican que el rumbo no es el adecuado. Así, el cambio climático que nos conduce a un mundo cuatro grados centígrados más cálido, según predicciones muy optimistas, pero ante el que tantos siguen quitando importancia en nombre de intereses empresariales, intereses que obstaculizan la necesaria disminución de los gases de efecto invernadero. Así, la escasez de fuentes de energía fósiles, que lleva a la agonía de un modelo que se alarga artificialmente, vía prácticas como el fracking, en vez de apostar por invertir en el camino de las renovables.
Mientras las capas de hielo ártico desaparecen, mientras el proceso de la fotosíntesis se está viendo afectado en zonas con altos niveles de contaminación, mientras las abejas se ven amenazadas, mientras… seguimos pensando que habrá tiempo, que la técnica será capaz de solucionarlo; que llegará un día en que volveremos a la normalidad de un modo de vida que nos parece el mejor posible. ¿Cómo convencernos, habitantes del Primer Mundo del siglo XXI, de que ya no volveremos a la normalidad de antes de la crisis, de antes de la amenaza ecológica; cómo convencernos de que es necesario cambiar la orientación y las estructuras del sistema para seguir viviendo bien, e incluso mejor, pero con otros parámetros?
He aquí las cuestiones que plantea Jorge Riechmann en Autoconstrucción (Ediciones Catarata). Son muchas las salidas que ofrece este libro, pero lo esencial es su llamamiento a un cambio de conciencia, de valores, de usos y costumbres. “La economía es una construcción humana. Las leyes económicas no son como la ley de la gravedad. Pueden ser transformadas (…) Pero para ello la gente ha de cambiar de conducta”, se utiliza como arranque de un capítulo este párrafo-lema extraído del informe de un centro de estudios económicos. Hay en el ensayo reflexiones sobre el papel cada vez más activo de los consumidores –consumidores rebeldes–; sobre la cultura como base de la comprensión de los cambios; sobre los movimientos sociales que deben convertirse en la base de las nuevas sociedades… “Hemos de vivir de otra manera”, es la frase que cierra el libro. Pero aquí, lejos de cerrar, empezamos con la conversación.

Consumimos el planeta como si no hubiera un mañana

– ¿En qué punto se encuentra el movimiento ecologista hoy a nivel global? ¿Cuáles son sus expectativas?

– Si lo analizamos con perspectiva, el movimiento ecologista moderno, como tal, es muy reciente. Surge en los años 60 del siglo XX, aunque el pensamiento ecológico arranca de más atrás, de antecedentes tan ilustres como Thoreau, a quien releemos con mucho interés, o, antes, Alexander von Humboldt, que tanto contribuye en la creación de la ciencia ecológica, de la biología de los ecosistemas. Ahí están las raíces, pero hay que dar un salto hasta llegar, en 1962, a un hito importantísimo, una obra clásica de la conciencia ecológica, La primavera silenciosa, de Rachel Carson. En ese año se empiezan a poner en marcha dinámicas sociales, políticas, intelectuales, culturales, que conducen a algunas sociedades, dentro de procesos muy contradictorios, a emprender un nuevo aprendizaje de los modos de vida. Y ya en 1972 nos encontramos con otra aportación esencial, el estudio Los límites del crecimiento, el primer informe del Club de Roma, que pone en marcha un debate de alcance mundial a partir del cual ya empiezan a circular los lemas básicos, las consignas del ecologismo sobre la necesidad de conformar una conciencia de especie en las singulares condiciones históricas que nos ha tocado vivir. Ese proceso de aprendizaje social se rompe a finales de los años 70 y comienzos de los 80, con la irrupción de la fase última de la historia del capitalismo, el capitalismo neoliberal financiarizado. A esos decenios, a esa etapa en la que aún estamos inmersos, yo la denomino a veces la era de la denegación, porque hay fuerzas muy poderosas que, lejos de impulsar el aprendizaje, están trabajando en sentido contrario.

– Denegar es un verbo que utilizamos muy poco y que explica muy bien lo que está sucediendo. A los pueblos cada vez se les niega más lo que desean. Las democracias se están vaciando cada vez más de sentido.

– Denegar es un término que usan los psicólogos y psicoanalistas para referirse a ese fenómeno que no consiste sólo en ignorar algo sino en hacer un esfuerzo por no ver lo que tenemos delante de los ojos. Yo creo que ha habido, que hay mucho de eso, en la cultura dominante durante los tres últimos decenios. Es indudable que hay un permanente negacionismo si hablamos de fenómenos como el calentamiento climático, del mismo modo que lo hubo anteriormente con respecto al cáncer ocasionado por el tabaco. Y es indudable la eficacia de los esfuerzos organizados por el sector empresarial para expandir toda la tinta de calamar y toda la desinformación posible con el fin de impedir que se tomen las decisiones correctas. Ahora mismo, más allá de circunstancias concretas, tendríamos que referirnos a un negacionismo mucho más vasto que se refiere a todo lo que tiene que ver con los límites al crecimiento, y eso es mortal porque nuestra situación, nos pongamos como nos pongamos, es la que es. Las leyes de la naturaleza, de la física, de la química, de la dinámica de los seres vivos, son las que son, no vamos a cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones a ese respecto, y el conflicto esencial que se plantea, que estaba en ese debate de los años 60 y 70, es el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta, que se ha ido agravando y agudizando cada vez más. Si usamos la herramienta efectiva de la huella ecológica, hacia 1980, fue cuando ésta superó la biocapacidad del planeta para seguir creciendo después. Según los investigadores, ahora estamos en el 150% de la capacidad del planeta. Y esa situación no durará demasiado, porque estamos, como se dice a veces, consumiendo el capital, no los intereses, empleando en este caso la habitual metáfora financiera. Estamos sobreexplotando los recursos y las capacidades de absorción de contaminación, de una forma que es insostenible. Parece que consumimos el planeta como si no hubiera un mañana.

– “El síntoma se llama calentamiento climático, pero la enfermedad se llama capitalismo”. Así se titula un epígrafe del ensayo donde se hace referencia al rotundo fracaso de la cumbre de Copenhague en 2009, una cumbre donde se aspiraba a lograr un acuerdo global de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que sustituyese al Protocolo de Kioto. Ahora estamos a la espera de una nueva reunión en París en diciembre de este 2015. Parece que los límites son absolutamente incompatibles con el capitalismo salvaje.

– Así es. Hacia 1980 fue cuando ganaron las elecciones generales Margaret Thatcher en Gran Bretaña y posteriormente Ronald Reagan en EE.UU. Ahí tenemos que fijar el desplazamiento del mundo hacia una derecha conservadora, que ha sido hegemónica desde entonces, y que ha resultado letal en lo que se refiere a las cuestiones económico sociales. Hacia 1980 se puso en marcha el proceso de desregulación financiera y comercial. Hasta entonces, las economías, el crecimiento del capital y de los activos financieros iban acompasados al crecimiento de lo que llamamos economía real, pero a partir de ahí se rompió el equilibrio, todo se abrió en forma de tijera y lo financiero comenzó a crecer de manera metastásica y a dominarlo todo. Es ahí donde nos encontramos ahora. Esa es la situación. Si no somos capaces de romper con esa clase de políticas y con las culturas que las acompañan, lo tenemos realmente difícil.

Mientras leía el libro pensaba que la educación es básica para la toma de conciencia. Aludes a la importancia que en su día tuvo en España la Institución Libre de Enseñanza, a finales del XIX y principios del XX, en la redefinición de la relación entre sociedad y naturaleza, así como al naturismo anarquista por el lado obrero. Pero hoy, ¿cómo hacer entrar la ecología en los colegios?
–  Por supuesto que tendría que ser la educación una de las vías naturales para difundir la conciencia ecológica, pero aquí, nuevamente, nos topamos con lo mismo: la dinámica social en la que estamos, lejos de educarnos, de construirnos, para hacernos ver la verdad del mundo en el que vivimos, va en la dirección contraria. Podríamos decir que es contra educativa en muchos sentidos. Por eso no es tan fácil de llevar a cabo algo que parece tan simple. Sin ir más lejos, puedo decirte que yo formo parte de la comisión de educación y participación de Ecologistas en Acción en Madrid y que, justamente, una de nuestras tareas es hacer avanzar estos planteamientos en el terreno educativo. Uno de los trabajos más fecundos del colectivo fue, hace ya unos años, examinar lo que se podría llamar el currículum oculto de los libros de texto. Si uno se dedica a ver con cierto detalle cómo están escritos los manuales de consulta de ciencias naturales, de ciencias sociales, que es donde tendrían que entrar esta clase de enseñanzas, lo que encuentra, en muchos casos, es prácticamente todo lo contrario: más desinformación que información, puntos de vista adversos al verdadero aprendizaje de cuidar, de vivir de verdad en esta tierra. En esa dinámica en la que estamos ahora mismo, nos encontramos con comerciales de los bancos que van a los colegios a enseñar educación financiera y se ve como normal porque esa es la cultura dominante en la sociedad. A la contra, parece que lo que los ecologistas decimos no quiere ser oído porque se trata de una realidad incómoda, porque hacernos cargo de donde estamos realmente nos obligaría a vivir de otra manera, a organizar casi todo de una forma diferente. Una y otra vez, insisto, chocamos de manera muy inmediata, muy frontal, con intereses poderosísimos. Pero no quiero instalarme en la queja permanente. Pese a toda esa resistencia, pese a tantos obstáculos, hacemos lo que podemos. Yo soy profesor en la universidad y hablo de todo esto a mis alumnos universitarios, y, además, acabo yendo, por lo menos tres o cuatro veces al año, a hablar con escolares y con bachilleres; hay otros compañeros y compañeras que lo hacen con más asiduidad. Pero se llega a donde se llega. Ecologistas en Acción, por ejemplo, es una asociación participativa que tiene aproximadamente unos mil afiliados en Madrid, gente que paga una cuota y que puede hacer una pequeña tarea de vez en cuando. Si pensamos que en una comunidad autónoma como la de Madrid hay seis millones de personas, es una cifra muy baja. Y los activistas no somos más de 60 personas, apenas 10 dedicados a la comisión de educación. Ecologistas en Acción se autofinancia. Los recursos con los que contamos son las cuotas de los afiliados. Ha habido alguna vez algún programa concertado, pero las administraciones, especialmente en esta comunidad autónoma y con el gobierno que hay ahora mismo, no sólo son no cooperativas, sino absolutamente hostiles.

– ¿Se ha fracasado a nivel general, no sólo en España, en la comunicación, en la difusión? Se habla mucho de ecología, en ciertos ámbitos está muy de moda, se ha superficializado incluso, pero la verdadera conciencia ecológica no ha llegado a la gente.

– Quiero hacer hincapié en un aspecto que me parece muy importante y que nos lleva a la pregunta anterior, a la educación. El título del libro, Autoconstrucción, que en griego podríamos decir paideia, educación en un sentido amplio, es una llamada a que no entendamos la educación sólo como el aprendizaje que se imparte en las escuelas, los institutos y luego en las universidades. Los contextos educativos son los contextos sociales generales, y yo creo que la manera de autoconstrucción, de autoformación, de educación, de paideia más importante para todo lo que estamos hablando, sin menospreciar la educación ambiental en sentido estricto y formal, es la que se da en los movimientos sociales. Es ahí donde la gente se autoorganiza para actuar y, mientras lo hace, aprende en el recorrido. Lo que sucede es que, mientras en los años 70 y 80 esa clase de procesos iban hacia adelante, pese a todas las dificultades, desde entonces, parecen no avanzar porque hay muchos intereses y mucha desinformación en el camino. Y, por otro lado, de manera contradictoria, la gente está como saturada y harta de que le hablen de ecología. Ese fenómeno también lo recojo en algún momento del libro. Hay hasta un término que han acuñado los sociólogos, la ecofatiga, para describirlo. Efectivamente, como bien indicas, hay mucha cháchara, mucho marketing verde, mucha propaganda, mucho uso de imágenes, estilemas, apropiación de contenidos. Ahora la Unión Europea está hablando de economía circular. Se utilizan conceptos que vienen del movimiento ecologista y que han sido apropiados, transformados en otra cosa. Sustentabilidad o sostenibilidad, por ejemplo, son nociones que vienen del mundo ecológico, pero cuando un presidente o un consejero delegado de una gran empresa habla de desarrollo sostenible, en el 99% de los casos está transformando en su contrario lo que inicialmente fue el sentido del término. Todo eso lleva a una situación de muchísima confusión, en la cual la gente tiene muchas veces la impresión de que todo el tiempo se está hablando de ecología, de que se hacen cosas que están muy cerca de quienes pueden manejar palancas de poder. Hay muchísima propaganda, muchísima moda alrededor que lo desvirtúa todo. Se publican revistas que nos venden el concepto de la buena vida, pero que están llenas de anuncios a toda página de grandes empresas energéticas. Eso es lo que metaboliza como ecología la cultura dominante y resulta muy perjudicial, porque, por supuesto, no tiene nada que ver, está muy alejado de lo que debería ser, de lo que nos tocaría hacer.

– En su momento nos ilusionaron los verdes alemanes. Parecía que podían hacer girar los acontecimientos en otra dirección, pero ahora tienen un perfil más bajo.

–  Bueno, ese es un asunto complejo. Yo escribí mi tesis doctoral sobre los verdes alemanes hace muchos años. ¿Qué ha pasado ahí? De nuevo no podemos entenderlo sin ver lo que ha sido el potentísimo despliegue de la política neoliberal en la que estamos inmersos y sin analizar a fondo como nuestras sociedades han ido yendo hacia la derecha, hacia la derecha, hacia la derecha, sin ser, muchas veces, del todo conscientes. Hay un fenómeno que los psicólogos sociales tienen muy bien estudiado y que denominan los puntos de referencia cambiantes. Cuando una sociedad entera se desplaza en cierta dirección poco a poco, de manera que todo -las instituciones, los valores, las gentes-, va moviéndose al mismo tiempo, en el mismo sentido, la sensación puede ser que nada se mueve, que está uno básicamente en el mismo punto, pero los cambios pueden ser brutales. Esto se ha estudiado, por ejemplo, en relación a la Alemania de los años 30. A medida que todo iba llevando al estado nazi que conocemos, desde dentro, a mucha gente le parecía que no pasaba nada importante, porque todo se iba desplazando al mismo tiempo en la misma dirección. Yo creo que aquí también ha pasado algo parecido.  Los verdes alemanes, que son el partido ecologista más interesante que ha surgido hasta el momento, el experimento sociopolítico más importante, tuvo en sus inicios un componente dominante de izquierda, aunque siempre muy mezclado con el centro e incluso la derecha, pero, coincidiendo con el paso al neoliberalismo, y pese a haber crecimiento y éxitos electorales, ese ala de izquierda del partido va siendo marginada y en parte lo acaba abandonando. A medida que la sociedad fue avanzando hacia la derecha, también los arrastró a ellos en la corriente. Una y otra vez nos tropezamos con lo mismo. No podemos de verdad ecologizar esta sociedad sin chocar frontalmente con el capitalismo. Si queremos ir hacia una economía ecológica hacen falta rupturas con el capitalismo y eso son palabras mayores. Y, por otra parte, ahora mismo hay que plantearse seriamente la siguiente pregunta: ¿Qué es la izquierda hoy? Seguimos hablando por inercia de partidos socialdemócratas, por ejemplo, cuando a un socialdemócrata de los años 20, 30 o 40, si viera qué tipo de políticas o de discursos adopta la gente que así se sigue llamando, se le erizaría todo el vello de la piel. La socialdemocracia de Tony Blair o de Rodríguez Zapatero no tiene nada que ver con lo que fue históricamente la socialdemocracia. Pero, volviendo a lo de antes, el ecologismo tomado en serio es anticapitalista y eso es bien fuerte, porque dónde hay políticas anticapitalistas ahora en nuestras sociedades. Son absolutamente minoritarias. En ese escenario es donde hay que situar la deriva de los ecosocialistas alemanes, de todas esas corrientes o personas que abandonaron, al final cansadas, el partido en la década de los 80. Desde mediados de los 90, la descripción politológica correcta de los verdes alemanes sería la de ecoliberales con un mayor grado de sensibilidad social.  Eso mismo sirve para otros partidos verdes europeos.

– ¿Y en España? Equo parece conformarse con un discreto segundo plano.

– La historia española es una historia muy distinta por la singularidad de la dictadura. La articulación de ese espacio político ha sido bastante compleja y, al final, en parte por errores propios, en parte por la ocupación de ese territorio por otras formaciones como Izquierda Unida, la cosa ha ido como ha ido. Equo ha aparecido ya muy tarde y hay cosas muy valiosas, pero ojalá tuviera más fuerza. Con mucha frecuencia nos planteamos qué es lo que hemos hecho mal, qué errores hemos cometido, y, sin duda los hay; hay errores propios en los últimos 30 años que pueden explicar circunstancias desfavorables, pero no nos equivoquemos. Lo principal no es tanto lo que hayamos podido hacer mal, sino el poder brutal y en aumento que nos hemos encontrado delante. Y vuelvo al dato de antes: en la comunidad autónoma de Madrid somos 50, 60 activistas a lo sumo, en una asociación como Ecologistas en Acción, en un entorno de seis millones de personas. Esa es la lamentable situación, la acusada desproporción de fuerzas.

– Sin embargo, el caso español es muy curioso. Desde el 15-M, la rapidez a la que se ha producido todo es espectacular. En el libro hablas de la ilusión que ha generado la irrupción de un partido como Podemos. ¿Hacia dónde puede ir esa ilusión y hasta qué punto en Podemos tiene peso la preocupación ecológica, la conciencia de los cambios que será necesario acometer y explicar a la gente? No parece que se marque demasiado el acento por ahí.

– En España han cambiado muchas cosas para bien, sobre todo el despertar de parte de la sociedad a partir del 15-M. Pero tampoco debemos sobreestimar eso. Uno de los lemas, consignas, incluso micropoemas que se escribían en Sol y en muchas plazas de otras ciudades españolas, el mes de mayo de 2011, era: “dormíamos y hemos despertado”. Esa frase, con todas sus variantes, expresa algo muy valioso. La sociedad española ha ido abriendo algo los ojos en medio de la narcosis generalizada en la que estamos. Y, aunque lo parezca, eso tampoco surgió de la nada. No es que antes no hubiera movimientos sociales y de repente aparecieran por arte de magia. Muchos de esos movimientos arrancaron de atrás, de la dinámica de los foros sociales mundiales, del espíritu del alzamiento neozapatista en México en 1994 y, sobre todo, después, del quebranto que provocó la crisis económica y financiera, lo que hizo que se dieran condiciones para que sectores cada vez más amplios de la población empezaran a ver con mayor claridad el mundo en el que estamos. Pero, con todo,  hay que intentar ver las cosas con cierta perspectiva. Yo estoy metido de cabeza en todo esto. Me presenté con otros compañeros al Consejo ciudadano autonómico de Podemos y, junto con otra mucha gente, ahora estoy trabajando en la redacción del programa autonómico para Madrid, donde me ocupo de las cuestiones ecológico sociales. Por eso no lo veo como algo ajeno, puedo hablar del proceso en primera persona y puedo decir que hay sectores que tienden a sobrevalorar algunas de las cosas que han ido sucediendo, que hay mucha gente joven que tiene una confianza plena en la capacidad movilizadora de las redes sociales, algo en lo que yo soy mucho más escéptico. Recuerdo, por ejemplo, una conversación con uno de los activistas de Acampada Sol, alguien metido muy de lleno en lo que había sido la acampada en Sol y el 15-M. Su conclusión era que se había conseguido politizar a cinco millones de personas. Y yo reflexiono: Si de verdad hubiéramos politizado en serio a cinco millones de personas, ya estaríamos en otro contexto electoral y político. Hay cambios muy importantes y hay posibilidades de ruptura, pero ya veremos hasta dónde se llega. Yo de lo que estoy convencido es de que lo que nos haría falta es una sociedad que dejara de actuar básicamente como espectadora, espectadora a través de pantallas pequeñas, de pantallas grandes, dándole a “me gusta” aquí y allá. Una cosa es que una encuesta demoscópica te diga que el 80% de la sociedad española muestra su simpatía por esta gente joven, que ha acampado en las plazas, y otra cosa son los resultados a partir de las convocatorias electorales, las posibilidades reales de impulsar cambios en la sociedad. Ahí tenemos las elecciones andaluzas y ahora toca ver que tal se dan las autonómicas y municipales… Insisto: debemos pedir democracia real ya, pero nos tenemos que dar cuenta de que eso no es posible sin que muchísima gente eche muchísimas horas de trabajo desgastante, disciplinado y cotidiano en distintos contextos. Una democracia de espectadores es una contradicción en los términos. Democracia real quiere decir mucha gente echando mucho tiempo en organización, formación, lucha política, actividad disciplinada. Es en ese espacio donde se dan perspectivas interesantes. Lo que está sucediendo en Grecia, lo que nos está permitiendo ver de la posibilidad de actuar de otra manera no hegemónica y, a la vez, del comportamiento de la UE, es muy interesante. Y lo que tal vez pase aquí tiene, desde luego, un valor grande, pero, al mismo tiempo, debemos dimensionar muy bien todo esto para no llamarnos a engaño y darnos el batacazo. Es un poco lo que pasó en Andalucía. Si lo pensamos bien quince diputados alcanzados en tan poco tiempo de trayecto, no está nada mal, pero se ha recibido como una especie de derrota. No hay que hacerse demasiadas ilusiones sobre el nivel de politización real. Cuántas veces oímos, por parte de sociólogos y politólogos, que hay una mayoría social de izquierda. Eso da lugar a muchas ilusiones, pero calma; pensemos en la gente que de verdad es consciente del tipo de confrontación que hace falta para cambiar de verdad las cosas.

– Los cambios de valores, de conciencia, suelen ser procesos lentos. Como dice Julio Anguita, el político debe tener la paciencia del campesino. En Grecia, el trayecto de Syriza fue largo…

– Sí, pero también es verdad que la velocidad de la historia no es siempre lineal, que también se dan aceleraciones, cambios mucho más rápidos. Eso es posible y ahí el drama, que sólo una parte muy pequeña de la sociedad ve por este negacionismo generalizado sobre las cuestiones ecológicas del que hablábamos antes, es que la historia ya no va a ser lo que era. El drama es que ya no tenemos mucho tiempo para evitar peligros enormes. Estamos en tiempo de descuento y eso es lo que mucha gente, sensible ahora a cuestiones de desigualdad social, democratización en sentido amplio, lucha contra la corrupción, no acaba de asimilar. Ante la cuestión del abismo ecológico social son conscientes sectores aún muy minoritarios. Hemos dicho: “Dormíamos, pero hemos despertado”. Ahora nos hace falta despertar todavía bastante más.

– Hablábamos de Grecia, un pequeño bastión en medio de la homogeneización. Por una parte, es esperanzador que haya gobiernos que planten cara, que nos hagan ver lo que se esconde detrás de la mal dirigida austeridad, pero también produce bastante frustración ver que las democracias no funcionan, que el poder, el sistema, no permite impulsar políticas de rescate social urgentes. La deuda, una deuda ilegítima en gran parte, es la gran prioridad de la Unión Europea.

– Así es. Y ya vemos qué políticas son las que nuestros vecinos griegos están intentando impulsar. Son medidas propias de lo que fue la socialdemocracia hasta hace muy poco. Esto es lo que nos debería hacer ver el mundo en el que estamos, la brutal dirección hacia la derecha que hemos tomado. Las políticas que está proponiendo Syriza no suponen ninguna ruptura revolucionaria. Se trata de introducir un poco de justicia social, que fue lo que defendió hasta hace poco la socialdemocracia. Y, sin embargo, todos esos partidos que siguen llamándose socialdemócratas, permanecen impasibles, apoyan todo lo contrario a lo que fueron sus principios. Es una gran paradoja.

La crisis ha abierto ventanas de transparencia, ha hecho que volvamos la vista hacia los derechos humanos. El derecho al trabajo, al techo, a la salud y la educación, están en la primera línea de las reivindicaciones, pero en lo que respecta a las amenazas del planeta pensamos que habrá tiempo, que no es la prioridad.
– Bueno, eso es comprensible en un país como éste por la quiebra que se ha producido, por el nivel de desempleo tan elevado que tenemos. Hemos ido aguantando por los distintos colchones sociales que han amortiguado la caída, pero el hambre y la desnutrición han vuelto a aparecer. El error es no ver como todas esas cuestiones están conectadas con las preocupaciones ecológicas. Pensar, como han formulado también en ocasiones amigos y compañeros, que lo que toca ahora es dar de comer a la gente y aplazar lo otro, que ya vendrá el tiempo de resolverlo, es un error. Somos ecodependientes e interdependientes. No se puede organizar una economía viable sin tener en cuenta las amenazas ecológicas en las que ya estamos y que todavía van a agudizarse mucho más. Y eso no es algo optativo. Lo vamos a aprender por las buenas o por las malas. Estamos ya en tiempos de descenso energético. Las sociedades industriales se han desarrollado de forma explosiva gracias a un chute de combustibles fósiles y lo que tenemos ahora es un capitalismo fosilista, adjetivo que no deberíamos olvidar. Sin ese chute de energía, de esa bioenergía acumulada durante cientos de millones de años en forma de carbón, petróleo, gas natural, que nosotros nos hemos puesto a sobre consumir de manera bastante inconsciente e irresponsable en estos dos siglos últimos, el mundo no sería como es y nuestras sociedades no se hubieran deformado tanto en ciertas dimensiones como lo han hecho hasta ahora. Sea como fuere, esta es la historia de nuestros dos últimos siglos y eso se acaba. No va a seguir existiendo la posibilidad de sobreconsumo energético que ahora tenemos y que nos sigue pareciendo normal. Sabemos por distintos estudios e investigaciones que para funcionar con economías viables y con cierta justicia global, es decir, en un mundo relativamente igualitario, sin esa quiebra brutal entre Norte y Sur, mirando a los más desfavorecidos del planeta, los países enriquecidos, incluyendo al nuestro, que, pese a la situación actual, globalmente sigue formando parte de ese norte enriquecido, tenemos que reducir el uso de energía y materiales en nueve décimas partes. ¿De qué manera se hace eso? Pues hay cosas que se pueden hacer sin perturbar tanto el orden existente, pero todos los cambios importantes suponen un choque frontal contra el funcionamiento de las estructuras actuales. Uno puede organizar una economía que satisfaga adecuadamente las necesidades humanas de esa enorme población que somos ahora, de más de 7.200 millones de personas, con las reducciones de energía y materiales necesarias, con los consiguientes impactos asociados, pero eso no puede ser una economía capitalista, de crecimiento constante y de generación continua de supuestas nuevas necesidades. Tiene que ser otra cosa.
 
–  ¿Algún ejemplo? ¿Algo por lo que se pueda empezar a actuar ya?

– Como te decía, se pueden dar algunos pasos. Recientemente, por ejemplo, dimos una charla formativa en el círculo de Podemos en Retiro sobre basuras y residuos. En ese terreno, en el de la gestión de los residuos sólidos en los recintos urbanos, se le puede dar la vuelta yendo hacia un modelo deseable, con muchas ventajas sobre el actual, sin topar más que con los intereses, en este caso, de las grandes constructoras que tienen su división de gestión de basuras y se hacen con las contratas de los ayuntamientos. Chocaríamos contra ese poder económico, pero casi nada más, para alcanzar la alternativa del modelo de residuo cero, que está articulado y ya está funcionando en muchos pueblos y ciudades de Europa, incluyendo urbes grandes como Milán. De esta manera, siguiendo el ejemplo de pueblos que ya lo hacen también en España, en Cataluña, en el País Vasco y en Baleares, en Madrid pasaríamos a tener una gestión adecuada, recuperando y reciclando adecuadamente. Esto se puede hacer y ojalá que tengamos la oportunidad, pero los residuos sólidos urbanos son un pequeño porcentaje del problema general de residuos en nuestra sociedad. Se  trata apenas del tres o cuatro por ciento, el resto son residuos industriales, de construcción. Entra en juego la economía entera. Para actuar en todos esos ámbitos, para introducir modificaciones, se necesitan otras estructuras económicas, otra forma de funcionamiento. Hoy podemos dar algunos pasos, fuera del sistema dominante en el que estamos, pero sabemos que sin momentos de ruptura muy importantes, no podrán cambiar las cosas que de verdad tienen que hacerlo.

– Una y otra vez te refieres en el libro al credo del Mercado. Un credo que será necesario derrumbar. ¿No crees que su resquebrajamiento ya ha empezado?

–  Sin duda. De todas las cosas buenas que nos han pasado en estos últimos años es fundamental la apertura de los discursos públicos, a todos los niveles. En los últimos cuatro años, de repente nos hemos visto en el metro o en el autobús hablando entre nosotros del funcionamiento del mercado financiero, de la deuda pública, de los servicios sociales. Eso es nuevo y es positivo, claro que sí. Pero a su lado está, por ejemplo, el anulamiento de algunos sectores clave, entre ellos los medios de comunicación masivos, que obstaculiza que lleguemos a la verdad de los hechos. Los medios dependen más estrechamente de los grandes grupos económicos y eso también lo hemos visto en el mundo de la universidad y de la investigación científica. Se trata de sectores clave para una sociedad moderna y, sin embargo, cada vez son más dependientes del capital, para nuestra desgracia. La cosa se ha degradado tanto, y tan rápidamente, en tan solo treinta años, que su alcance se nos escapa. Lo que podemos hacer es intentar dar algunos pasos e ir creando condiciones para que haya movimientos mucho más organizados, masivos, conscientes, de gente que quiera transformar las cosas. Ese es el sentido fundamental que yo veo ahora mismo al esfuerzo que se está haciendo para intentar dar un giro importante hacia otra dirección en todas las áreas de la vida, también, por supuesto, en las instituciones que nos representan.

Construir alternativas, proyectos de cooperación, de participación 

Volver a recuperar conceptos como solidaridad, tan desprestigiados en las sociedades del lucro, esa es la idea con la que nos quedamos tras recorrer las páginas, las conclusiones, el compendio de lecturas al que nos acerca Jorge Riechmann en Autoconstrucción. Nos presenta, por ejemplo, la idea de Joaquim Sempere de construir espacios, sociedades más resistentes a los peligros que nos amenazan, y que el sociólogo denomina municipios en transición. Una experiencia a la que habrá que llegar tras entablar un combate cultural que someta a crítica el presente. Nos acerca a las teorías del decrecimiento que preconizan estilos de vida más frugales, que nos pueden seducir con la posibilidad de vidas más sencillas y locales. ¿Cómo convencernos de que el decrecimiento no implica menos bienestar, ni, por supuesto, menos felicidad? ¿Cómo recuperar el buen sentido de la palabra austeridad que tanto han desfigurado los neoliberales? ¿Queremos de verdad cambiar, autoconstruirnos? Son algunas de las preguntas que plantea el recorrido que nos propone Riechmann, un recorrido que nos induce a reflexionar, a luchar con nuestras propias contradicciones, resistencias e inconsistencias. He ahí su gran valor.
¿Podemos controlar la megamáquina capitalista, se pregunta el autor? “Si no podemos hacerlo, ¿se sigue de ello un retirarse a esperar la catástrofe, hacia la que avanzamos a toda velocidad? Por una parte, está la vieja posibilidad de poner palos en las ruedas, actualizada como echar arena entre los engranajes primero, y más recientemente como desconfigurar conexiones entre los circuitos (…) Por otra parte, subsiste la orientación general de fracasar mejor. El derrumbe de la Megamáquina será, lo sabemos, una espantosa tragedia: cabe trabajar por reducir en lo posible la inconcebible masa de sufrimiento, tanto el humano como el de las demás criaturas”, argumenta Riechmann, quien habla de comenzar ya a construir más botes salvavidas y a organizar las formas de cooperación solidaria que pueden reducir los costes del naufragio”. Catastrofismo, dirán algunos. Simplemente realismo, pensamos otros. Un realismo que nos lleva a visualizar en episodios de ciencia ficción cada vez más cercanos.
“Nos pierde / la codicia de los menos / la cobardía de los más / la irracionalidad de todos / falta lenguaje / falta decir / del horror que viene / Pero tú ya lo sabes: donde termina el reino de la mercancía / comienza la vida…”
Lo dice Riechmann de otro modo, a través de estos versos de su libro Poemas lisiados. El lenguaje de la poesía, La poesía, sí, capaz de tocar lo invisible, lo oculto, lo callado. La poesía como ventana de lucidez.

www.lecturassumergidas.com/, Madrid, España.

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jueves, 14 de mayo de 2015

Colombia y el momento constituyente

Una constitución es un pacto social fundado por el poder constituyente primario. Para que sea legítimo, en este deben converger los diferentes sectores de la sociedad, dando lugar a un acuerdo que permita la coexistencia de ellos; en él fijan sus aspiraciones económicas, políticas, sociales y culturales y se establecen mecanismos para que los derechos plasmados en dicha constitución sean garantizados a los ciudadanos.

Colombia es de los pocos países del hemisferio occidental que aún no termina de constituirse como nación y como república. Ha pasado de un siglo a otro sin resolver sus contradicciones fundamentales: del siglo XVIII al siglo XIX pasamos buscando nuestra libertad de la opresión española; del siglo XIX al siglo XX en una guerra civil denominada de los Mil Días y del siglo XX al siglo XXI tratando de resolver un conflicto social armado con más de cincuenta años de duración y con hondas raíces económicas, políticas y sociales.

La tradición constitucional nos enseña que éstas existen precisamente para dotar a la nación de instrumentos políticos y jurídicos que permitan prevenir y resolver todos estos conflictos. Hoy, cuando de nuevo nos aprestamos a que este largo conflicto se resuelva mediante una solución política dialogada, los cambios constitucionales se convierten en un imperativo ético y político.

Podrán algunos argumentar que una Constitución que no cumple un cuarto de siglo es aún muy joven y en eso pueden tener razón, pero no debemos olvidar que esta Constitución tiene un corazón socialdemócrata que mira hacia la izquierda en cuanto al enunciado de los derechos, pero un bolsillo dirigido hacia los intereses de la derecha haciéndola profundamente neoliberal. Situación agravada por el hecho de haber sido reformada cerca de 75 veces en los últimos veinte años mediante actos legislativos con los cuales se ha afianzado este modelo económico.

La necesidad de una asamblea constituyente que nos provea de un nuevo pacto social no resulta exclusivamente de los diálogos de paz que se realizan en La Habana, viene de la crisis económica, política, social e institucional que tiene a nuestro país como un estado inviable. Crisis estructural que se profundiza día a día y que los paliativos del Gobierno no logran conjurar.

Un país con un conflicto social armado de más de cincuenta años que el Gobierno quiere resolver sin realizar cambios que permitan remover sus causas no podrá alcanzar la paz; por el contrario, la pobreza, la corrupción administrativa, la falta de inclusión política, el marginamiento social, la violencia de todo tipo y unas instituciones incapaces de responder a las expectativas de los ciudadanos en salud, educación, empleo, vivienda, seguridad, etc., agregarán permanentemente nuevos elementos causales al conflicto.

En los últimos doce años, el establecimiento ha pretendido hacernos creer que es posible acabar con el conflicto social y armado sin generar los cambios económicos, políticos e institucionales requeridos para lograrlo. Para ello, emprendieron la guerra total en los ocho años del gobierno Uribe y, ante el fracaso de la estrategia de guerra, la oligarquía decidió emprender un diálogo de paz con la insurgencia de las FARC-EP, que a pesar de los obstáculos aún continua, y con el cual el establecimiento pretende obtener un sometimiento de las guerrillas sin generar cambios en el modelo económico y el sistema político.

En el reciente pasado fuimos testigos de un fracasado proceso de sometimiento a la Justicia de los grupos paramilitares que, posterior a la extradición de sus jefes, mutaron en cientos de pequeñas bandas que ejercen hoy el control sobre la economía ilegal del narcotráfico y sobre buena parte de la economía legal mediante el cobro de vacunas a cuanta actividad económica se desarrolla en muchas ciudades del país.

Pero el conflicto social armado, la violencia social y narcoparamilitar nos son los únicos problemas que enfrentamos los colombianos. Podemos decir sin equivocarnos que la crisis es mucho más profunda de lo que se cree y toca todos los estamentos del sistema.
La oligarquía que gobierna este país en beneficio del sistema financiero y las empresas transnacionales, maquilla las cifras sobre desempleo, ingresos y pobreza, tratando de mantener una gobernabilidad que cada vez es más precaria.

La mercantilización de la salud, la educación, la seguridad social y todos los servicios que debería prestar el Estado, la crisis en la justicia, la pérdida de credibilidad en los partidos políticos, el congreso, los órganos de control y las fuerzas armadas y de policía han conducido a un estado de descontento y movilización social permanente.

Son muchos los espacios creados por fuera de la institucionalidad que hoy no solo discuten la problemática del país sino que además buscan resolverla. En muchos de ellos el Estado ha sido remplazado de hecho en temas como seguridad, legislación, medio ambiente, convivencia, reforma agraria, reforma urbana, justicia y otros de similar importancia.

¿Cómo explicar que después de la expedición de una nueva constitución (1991), en donde se exponen ampliamente los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación, se desate la más feroz persecución contra la oposición política y se entre de lleno a privatizar sin ninguna consideración los bienes y servicios públicos que estaban bajo la responsabilidad del Estado?

Lo que debería haberse logrado con la Constitución del 91 aún está por hacerse. La democracia participativa, la garantía de la aplicación de los derechos humanos, el desarrollo económico y social de las mayorías, el ordenamiento territorial, la descentralización política y administrativa con garantía de recursos, la protección del medio ambiente, el reconocimiento de los derechos de la mujer y la paz, son objetivos de toda sociedad que en nuestro caso están por alcanzarse.
Como podemos ver, los resultados que se previeron o se soñaron no se han cumplido y están sufriendo constantes reveses.
Ante la falta de voluntad de la clase dirigente para implementar los cambios, aparece, como reacción lógica, la resistencia al ejercicio abusivo del poder, bajo formas pacíficas o violentas, que adquieren mayor grado de profundidad de acuerdo con las herramientas represivas que se utilicen o con el grado de conciencia desarrollado en el seno de la sociedad.

Este conjunto de situaciones problemáticas, sumado a las diversas formas de resistencia y descontento que se presentan en diversos sectores de la sociedad y que han llevado al desconocimiento del Estado y sus instituciones, configuran, sin lugar a dudas, un momento constituyente. Se nota en muchas regiones y sectores sociales del país que la nación está tratando aún de constituirse, que las viejas formas del régimen político liberal-conservador que excluyen a las mayorías y el modelo económico generador de pobreza y explotación ya no son aceptados y se hace necesario reconstruir nuestra nación sobre bases nuevas.

Esas nuevas bases, por supuesto, no vendrán del poder constituido, pues éste representa una minoría oligárquica y parásita que desea mantener el statu quo en favor del cual legisla y ejecuta normas que solo favorecen sus propios intereses y los del capital transnacional.

Solo del poder constituyente primario podrán venir los cambios que nuestro pacto social requiere para superar la crisis que padecemos desde nuestra constitución como república en 1819.
Desatar ese poder constituyente para que se convierta en fuerza arrolladora debe ser una tarea de todos los demócratas y amantes de la paz. Urge avanzar en un proceso constituyente que comprometa todos los sectores y regiones de nuestro país, que discuta y apruebe el contenido de ese pacto social que nos funde y nos presente ante el mundo como una nación soberana, democrática y con justicia social. Una sociedad donde se erradiquen todas las discriminaciones, se destierren todas las formas de violencia contra la oposición y donde la paz sea, en verdad, el bien más preciado de todos los ciudadanos.

Necesitamos conformar ese grupo o movimiento de personas que pueda desatar ese poder. La mayoría de las anteriores reformas constitucionales fueron convocadas y realizadas por las élites políticas para favorecer intereses de una minoría, salvo la constituyente del 91 que fue impulsada por algunos sectores sociales y en cuya asamblea se permitió una tibia representación de sectores no oligárquicos; pero la nueva Constitución debe ser el resultado de la más amplia participación popular y corresponde al pueblo lograr su convocatoria.
Si el presente es de lucha, el futuro será socialista.
Húbert Ballesteros Gómez
Prisionero político. Cárcel Nacional La Picota, Pabellón de Alta Seguridad
Bogotá D.C., mayo, 2015
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domingo, 26 de abril de 2015

DE INVISIBILIDADES E IMBECILIDADES:


La política fascista del gobierno nacional ha tenido derrotas: La más reciente derrota fue la marcha del 9 de abril por la paz con justicia social, la Asamblea Nacional Constituyente y el cese bilateral de fuegos. La invisibilización de los medios de intoxicación sobre la multitudinaria manifestación los hace cómplices no solamente de vulneración de derechos elementales sobre información sino que aportan con el ocultamiento en un claro favoritismo en la guerra psicológica: el 10 de abril, se cumplía el mes en que Santos ordenó no bombardear campamentos de las FARC pero sí la continuación de operativos. Ante un país que no resuelve sus conflictos sociales, es un país desmemoriado, víctima de su propia auto-destrucción como diría el Libertador por la falta de educación que ha sido negada por la misma oligarquía que trunco el sueño revolucionario, hace más de 200 años. Los medios ocultan y la guerra continúa para sostener el atrasado capitalismo colombiano, sin que, supuestamente, “nadie se de cuenta de nada”.

Es menester desenmascarar los medios de intoxicación puesto que ellos son la correa de transmisión entre el gobierno burgués y el pueblo. De a pocos, al pueblo le queda claro que Santos ya no es el mediador sino que siempre prefiere doblegar a sus “enemigos” con la fuerza pública y luego posar de “amplio” ante los medios.

El ejemplo más alto de la serie de derrotas que le han traído desgaste y deslegitimación al actual gobierno, es la mesa de diálogos de la Habana, Cuba, la cual tuvo su mayor prueba de fuego cuando Santos pretendió patear el diálogo con la excusa de la retención del general Alzate, en diciembre de 2014… pero falló y la mesa se mantiene. De firmarse el cese del conflicto armado habrían grandes avances en los 6 puntos que se han negociado (tema tierras, participación política, democracia y garantías, víctimas, cultivos ilícitos, entre otros). Pero Santos cree que a una insurgencia de 50 años, que no le pudo arrebatar las armas con un ejército desmesurado, ahora lo va hacer a punta de palabra. La contradicción no se encuentra del lado insurgente sino sobre el gobierno como representante de una parte de la oligarquía en la mesa de la Habana. La contradicción es que esa élite hable de paz. La oligarquía colombiana siempre ha usado primero la guerra que la palabra y si hoy está, el gobierno, aún sentado en Cuba, es porque no pudo derrotar la insurgencia, el pueblo se politiza cada vez más y el aislamiento estadounidense por el bloqueo a Cuba y sus acciones en América Latina, no le permiten levantarse de la mesa, ni mucho menos ahora, después de la gran movilización del 9 de abril. Las elecciones de octubre sobre alcaldes y gobernadores tendrán gran peso sobre crear planes alternativos que construyan la paz con justicia social o el continuismo del bolillo y luego la pose mediática santista.

Derrotas que ocultan los medios durante el gobierno Santos, podríamos nombrar unas cuantas: la ley ciudadana se vino abajo a pesar de su componente fascista de dar cárcel hasta por 8 años a quienes generen bloqueos  en calles y carreteras. Igualmente, se cae la careta mediática tanto para la ultra-derecha que con sus diferentes formas de presionar al presidente, demuestra que la “Unidad Nacional” no es cierta, ni siquiera dentro de la misma oligarquía. No se nos olvide que el paro agrario de 2013 tumbó a 5 ministros. Su llama de solidaridad y efervescencia se debe volver a irradiar con las luchas secundaristas y universitarias, en estas últimas, manteniendo lo positivo de la MANE de 2011 y aislar lo que  la llevó a inactivismo, puesto que desde este escenario se le dio un contundente golpe a la pretensiones privatizadoras del actual gobierno al querer incorporar el ánimo de lucro a la educación (como si esta fuese muy barata en el país).

El ejecutivo y los grandes medios han negado el paro minero, de transportadores, estudiantes, trabajadores de la salud, en enero de este año el de los profesores y, actualmente, el de la USO y el de los transportadores, los cuales son invisibilizados por los medios de intoxicación. El gobierno nacional y distrital han llamado “vándalos” a los manifestantes de Bogotá, sin identificar los causantes de tales actos. Muchas de las movilizaciones que entran en confrontación, la mayoría de personas lo hacen para defenderse de la fuerza pública que siempre llega con su monólogo de darse un festín de bolillo, como lo suele hacer los primeros de mayo y en cada movilización social. Pero las derrotas políticas continuarán, aún más porque el país entró en recesión económica y no le espera de otra que anexarse a la crisis capitalista mundial, la cual la habían capoteando vendiendo nuestros recursos estratégicos, los cuales son otro tema que ocultan los mass media, quienes son los verdaderos imbéciles de toda esta parafernalia: El marxismo- leninismo enseña sobre la lucha de clases, donde la crítica a la economía política (junto con el análisis político e ideológico de la correlación de fuerzas entre clases) permite hacer lecturas científicas sobre la sociedad, por lo que no es difícil “predecir” que los 3 años que le restan a Santos es el de un gobierno en caída libre, así lo oculten los medios.

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sábado, 25 de abril de 2015

entrevista del sociólogo colombiano Alfredo Molano sobre lo acontecido en el Cauca


 El sociólogo, escritor, periodista e integrante de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, Alfredo Molano, analiza los últimos acontecimientos en el marco del conflicto armado en Colombia, concretamente el sucedido en el municipio de Buenos Aires en Cauca, en el que murieron 11 integrantes de las Fuerzas Militares, 1 integrante de las FARC y cerca de 20 militares resultaron heridos.

Contagio Radio: ¿Esto ha pasado en otros procesos de conversación de paz?


Alfredo Molano: Si, yo pienso que es un formato que ha venido utilizándose en casi todos los procesos de paz. Yo recuerdo que los acuerdos de la Uribe fueron terminados, durante el gobierno de Barco, cuando un batallón de ingenieros entró a un sitio en el Caquetá y fueron atacados por la guerrilla, el argumento del ejército era que estaban haciendo una carretera, una carretera cuando había tregua, cuando se veían algunas soluciones a lo lejos. Lo mismo sucedió después en lo del Caguan, un extraño – insólito digamos un poco- secuestro de un Senador condujo a Pastrana a acabar con ese otro intento, y ahora me parece que se repite el guion, que es lo más preocupante, porque eso significa que dentro del gobierno hay enemigos, ya no del lado de la paz, sino actuantes.


CR: En el contexto actual de estas conversaciones, en el proceso de estas conversaciones, con el respaldo del 9 abril, podría suceder lo mismo que en otros procesos que usted menciona?, es decir, ¿se pueden romper?


AM: Yo y muchos colombianos tenemos la esperanza de que no se rompa, es decir, que sea un momento difícil pero que la situación se supere, así como se superó cuando secuestraron al general en el Chocó, es decir, ya se ha andado mucho para que por estos hechos se caiga el proceso. Yo no creo que sea irreversible lo que se ha andado, pero me parece que tiene suficiente fuerza hoy día, lo que se ha acordado y lo que se está acordando para superar este lamentable hecho de guerra.

CR: Otra hipótesis que se está manejando es que se está haciendo presión a las FARC para que avancen las negociaciones con mayor rapidez ¿podría ser esa la intensión del gobierno?

AM: El gobierno quiere presentarse a las elecciones con la bandera de los acuerdos logrados con las FARC, pero las FARC tienen otro tiempo, las FARC están pensando en un acuerdo de más largo plazo, más profundo y a mí me parece que dadas las distancias que hay entre las partes, no son fáciles de lograr. El tema justicia es el tema cárcel, es el tema extradición, y la dejación de armas es un proceso largo que naturalmente no es un acto sino un proceso que puede implicar un juego de garantías de contrapartes, entonces tampoco es que sea una cosa rápida de hacer.



Así que lo que es realmente para mi insólito es que hay 50 hombres del ejército, durmiendo en un polideportivo, sin postas, porque si hay postas no puede haber un ataque de semejante magnitud y sin apoyo de la aviación, que es lo que pasó hoy frente a las instalaciones de la brigada en Cali, con los familiares protestando seguramente porque los soldados estuvieron huérfanos del apoyo del ejército o de la fuerza aérea por los menos, entonces uno se pregunta ¿de qué se trata este hecho? repito, de guerra y muy lamentable.

CR: Ayer Pablo Catatumbo, denunciaba que este hecho podría presentarse en otros lugares del país. ¿Si estos hechos vuelven a suceder, podría darse al traste con lo que va avanzado del proceso de paz?


AM: De parte de la guerrilla el objetivo es, a mi manera de ver, lograr una tregua bilateral con el fin de que lo que suceda en Colombia no afecte lo que se desarrolla en la Habana, pero al mismo el gobierno lo que quiere es presionar un acuerdo rápido de paz, o un acuerdo antes de las elecciones de Octubre. Entonces son estrategias que van en contravía, pero de todas maneras yo espero, deseo fervientemente, que el proceso, pese a todo, se mantenga.


CR: ¿Es reversible la decisión del presidente Santos de reanudar los bombardeos?

AM: Pues con cabeza fría de las dos partes yo creo que es reversible, creo que es una decisión que se tomó en un momento oportuno y que volverá a tomarse en el caso de que las aguas bajen como es urgente. Porque fíjese usted, el hecho de que no haya una tregua unilateral habiendo negociaciones implica directamente que los hechos de guerra en Colombia tengan repercusiones en la Habana y además se manejen esos hechos de guerra como formas de impulsar en determinadas direcciones o acuerdos. Por lo tanto creo que es necesario que el país además de manifestarse en contra de la guerra, como se está haciendo, exija una tregua bilateral para impedir que lo que aquí sucede vaya erosionando lo que en la Habana se acuerde.

CR: Otros analistas dicen que los medios son carboneros de la guerra ¿usted qué piensa del manejo que le han dado los medios y qué debería hacerse para que los empresarios o el gobierno vayan ambientando la paz?

AM: A mí me parece un manejo muy irresponsable que han hecho los medios, pero es casi un dispositivo que se venía preparando frente a cualquier acción, es algo que se tiene ya calculado, ese salto que pegan, esa manera como desfiguran, como no analizan, como impiden el conocimiento y el análisis de los hechos, van juzgando y van sancionando y van, naturalmente, limitando las posibilidades de la negociación. Es que el fuelle que está dando, con franqueza, Uribe, echándole más fuego a la candela, más combustible a la candela, es muy peligroso, y esos medios que son bastanteamarillosos y que tienen compromisos políticos, pues naturalmente que terminan haciendo lo que hacen.



LIBERTAD A LOS 9500 PRES@S POLÍTIC@S EN COLOMBIA



SI A LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE



SI A LA PAZ CON JUSTICIA SOCIAL



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SÍ AL CESE BILATERAL DE FUEGOS





sábado, 28 de febrero de 2015

COMUNICADO OFICIAL. SUMAPAZ LOCALIDAD 20 DE BOGOTÁ, VÍCTIMA UNA VEZ MÁS DE LOS HECHOS DE VIOLENCIA


UNIDADES DEL EJERCITO ADSCRITOS AL BATALLON DE ALTA MONTAÑA DE SUMAPAZ, PROVOCAN LA MUERTE DE EL NIÑO EDWIN GAMBA ROJAS DE LA COMUNIDAD DE LA LOCALIDAD 20 DE SUMAPAZ.

Una vez más la tristeza camina por Sumapaz, está vez de la mano de nuestro niño Edwin Gamba Rojas, estudiante del colegio Jaime Garzón del Quinto Grado de la Básica Primaria, quien luego de huir de las balas del Ejercito y ante la presión provocada por la insistencia de las ráfagas, sufre una convulsión, la mamá desesperada corre a buscar ayuda, y cuando llega encuentra a su hijo muerto, la respuesta del ejercito, "tenemos en custodia a los soldados que realizaron los disparos" y reconociendo su responsabilidad "corremos con los gastos funerarios", este hecho se suma a la detención arbitraria de 16 campesinos, padres de familia, y corresponde a una violación sistemática y sostenida de los DD.HH. y el D.I.H. desde el año 2.000 con la entrada de la aterradora OPERACIÓN ANIQUILADOR. y contribuye a generar las condiciones de miedo y zozobra de quienes habitamos este territorio sagrado, para entregárselo a las MULTINACIONALES para la explotación minero-energética. y se suma a la intensificación de las acciones violentas indiscriminadas contra los campesinos de Colombia.

COMUNICADO OFICIAL.
SUMAPAZ LOCALIDAD 20 DE BOGOTÁ, VÍCTIMA UNA VEZ MÁS DE LOS HECHOS DE VIOLENCIA

Una vez más las operaciones militares indiscriminadas cobran víctimas humanas y de la niñez de esta población campesina.
El día 26 de febrero en horas de la tarde 6:40 pm, cuando la familia Gamba Rojas, rodeaba su ganado en predios de su propiedad, finca Tabornaco para protegerlo del abigeato o robo de ganado, al que ha estado expuesto; miembros de las fuerzas militares ubicados en la base de Santa Rosa, lanzaron varios disparos hacia donde se encontraba una madre con sus hijos menores en la labor descrita.
Ante el hecho realmente
Comunidad Educativa Colegio Campestre Jaime Garzón y Gimnasio del Campo Juan de la Cruz Varela aterrador, uno de los menores, Edwin Gamba Rojas, estudiante del colegio Jaime Garzón del Quinto Grado de la Básica Primaria, entró en pánico y como consecuencia desencadenó en el lamentable fallecimiento. Los mandos militares de esta base, manifiestan que ya tienen en custodia los soldados que propiciaron el ambiente de terror.
Este hecho repudiable se suma a los que en ocasiones pasadas también cobraron la vida de niños campesinos incluso impactados con armas de fuego y no conocemos fallo o castigo alguno para los culpables de tan deleznables actos. La familia campesina y la escuela sigue siendo víctima de los atropellos reprochables por el conjunto de la sociedad y reclamamos del Estado cumplir con el deber de la investigación y castigo para quienes siguen sembrando el terror en este territorio.

Organización Comunal Sumapaz
Sumapaz DC, Febrero 27 de 2015

POR EL DESMONTE DEL ESMAD: ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE Y PARO NACIONAL.
9500 PRES@S POLÍTIC@S: ¡A LAS CALLES!

¡Sí a la Paz con Justicia Social y al cese al fuego bilateral!
¡Que vivan las luchas estudiantiles en Colombia!

viernes, 26 de diciembre de 2014

Santos: Demuestre voluntad de Paz.


Después de 4 ceses al fuego unilaterales por parte de la insurgencia, hay un quinto que es indefinido. Es tarea política del actual gobierno empezar a demostrar su voluntad de paz que pasa por una independencia con el motor de la guerra colombiana: Estados Unidos.

De no ser por la intromisión norteamericana, el aparato productivo capitalista colombiano no tendría piso, aún más cuando más del 20% del presupuesto nacional se destina para la guerra y más del 40% lo hace para el pago de la deuda externa. En breve, para la oligarquía colombiana, actualmente, le es inocultable que los costos de la guerra le son insostenibles a mediano y largo plazo. Colombia se encuentra entre los 15 ejércitos con mayor número y mejor preparación de pilotos de helicópteros del mundo. El costo de cada Black Hawk permitiría crear hasta 3 megacolegios de hasta 3000 estudiantes, pero los intereses de clase le han obligado a la oligarquía criolla destinar importantes rublos a la guerra para sostener su proyecto histórico capitalista, para lo cual siempre ha contado con la ayuda estadounidense. Pero las cosas están cambiando: Volvió a ser reelegido Evo en Bolivia, Dilma en Brasil, Bachelet incursiona en Chile (país garante en el proceso de paz que sale de un gobierno neoliberal de Piñera a uno de concertación con el capital como el que propone Bachelet), continúa profundizándose la Revolución Bolivariana en Venezuela, gana el Farabundo Martí en El Salvador, continúa Ortega en Nicaragua (y ahora con proyecto, como fue pactado en este diciembre, de crear un canal interoceánico  con China) y Cuba (sede de la actuales conversaciones de la Habana), con el nuevo pacto con EE.UU., da una contundente victoria estratégica contra los imperialistas, aunque permanece el bloqueo. Ecuador profundiza sus cambios, Argentina busca las Malvinas… en fin, en el hemisferio Estados Unidos se encuentra en aislamiento, por lo que su política intervencionista en Colombia empezará a resquebrajarse, aún más si la contraparte no se encuentra en choque, por lo tanto, su “ayuda” es innecesaria. Gran ariete político hizo la guerrilla con el cese al fuego indefinido.

El intercambio presos cubanos y norteamericano trajo el reconocimiento mundial a Cuba que podrá profundizar relaciones con China, India, Rusia y otros pesos pesados que tienen contradicciones con el decadente imperio de USA. Que la mesa de diálogos se encuentre en el país que ha tenido una victoria política contra las políticas injerencistas, sin duda proyectará la posibilidad de aislar a nivel mundial a Estados Unidos y sus andanzas militaristas en nuestro país. Ahora, el cese es unilateral por lo que los fanáticos fascistas de rama judicial y dentro de las FF.AA. harán lo que han hecho cuando ha habido cese al fuego: intensificar los operativos de rastrillo (búsqueda) pero ahora, tanto fascistas criollos como imperialistas, deben vérselas con la Unidad latinoamericana y el desplazamiento de potencias alternas a los Estados Unidos que les interesa que en Colombia surja la paz con Justicia Social… ¡ahora Santos debe decidir entre su estribillo de “arreciar” o empezar a hacer los cambios que requiere el país y que para su comienzo se encuentran en los acuerdos en la Habana!... ¡comience ya, presidente, menos charla y más hechos!

                                                              
LIBERTAD A HUBERT BALLESTEROS, DAVID RABELO Y 9500 PRES@S DE CONCIENCIA.

¡POR NUESTRA EDUCACIÓN: ¡QUE VIVA LA REACTIVACIÓN DE LA LUCHA SECUNDARISTA Y UNIVERSITARIA.

PUEBLOS DEL MUNDO: ¡UNÍOS!

jueves, 30 de octubre de 2014

Las 10 empresas más importantes en el negocio de la guerra a nivel mundial:




Es increíble ver como pueblos enteros (tipo Grecia, Islandia, España, entre otros) han sucumbido a la crisis capitalista global, pero en el negocio de las armas está boyante. Igual sucedió en la primera y segunda guerra mundial, donde los Estados y pueblos se despedazaban en el combate, mientras que los ricos se volvían poderosos magnates. A continuación la lista de las empresas que ACTUALMENTE están en el negocio de la guerra (tomado de la revista DINERO de octubre 2013, pg. 5):

1.     Lockheed Martín (EEUU): especializada en armadura de misiles, electrónica y espacio aéreo. Sus ventas llegan a U$ 36.270 millones en 2011, dejando ganancias netas por U$ 2.655 millones. Tiene 123.000 empleados y su directora es Marilyn Hewson.
2.     Boing (EEUU): aviones, electrónica, misiles y espacio aéreo. Sus ventas fueron de U$ 31.830 millones dejando ganancias netas por U$ 4.018 millones y cuenta con 171.700 empleados. Su director es W. James McNerwey jr.
3.     Bae Systems (Reino Unido): aviones, artillería, misiles, vehículos militares, naves. Sus ventas fueron de U$ 29.150 millones, dejando ganancias netas por U$ 2.349 millones. Tiene 93.500 empleados y su directora es Linda Hudson.
4.     General Dynamics (EE.UU.): artillería, electrónica. Sus ventas fueron por U$ 23.760 y sus ganancias netas fueron de U$ 2.526 millones. Tiene 95.100 empleados y su directora es Phebe Novakovic.
5.     Raytheon: misiles, electrónica. Sus ventas fueron por U$ 22.470 millones y sus ganancias de U$ 1.896 millones. Tiene 71.000 empleados y su director es William H. Swanson.
6.     Northrop Grumman (EE.UU): misiles, buques de guerra. Ventas: U$21.390 millones.
7.     EADS (Unión Europea): Aviones y electrónica: Ventas: U$16.390 millones.
8.     Finmeccanica (Italia): vehículos de artillería y misiles: U$ 14.560 millones.
9.     L-3 Communications (EE.UU.): Electrónica. U$ 12.520 millones.
10. United Technologies (EE.UU.): Electrónica y motores. U$ 11.640 millones.

martes, 28 de octubre de 2014

SOLO SANTO DE APELLIDO:



He aquí algunas “diabluras” que Santos tiene en su haber. La guerra para él es parte de su ser así hoy quiera meter gato por liebre. La paz es con justicia social, no hay de otra:


Santos intenta ocultar que en su hoja de vida es ser ex alumno de la academia militar de West Point.Para 2009, el ejército compraría los siguientes aparatos aéreos para la guerra, según datos que daba el sociólogo Alfredo Molano en una columna de opinión titulada “Inteligencia Dominante”, en el diario El Espectador del domingo 23 de agosto de 2009, cuando Santos era ministro de guerra del país: C-208, K-350, E2-C Hawkeye, TPS- 78, Boing 767, E-3 Awac, Orion P-3, Schweizer,  SA2-37B , RG-8ª, Merlin c-26, Beech Super King 350, SR- 560, SR 26, AC- 47T, APG- 66, Beechcraft King B200, Persuader Aps- 504, Boing Scan Eagle Hermes 450. Todo en el proceso de tomar posiciones norteamericanas a favor de la cuenca del Amazonas y el Pacífico. En ese entonces, hagamos memoria, Santos defendía la instalación de 7 bases norteamericanas en territorio colombiano.

Este hombre es del establecimiento: de ningún último gobierno desde el de Virgilio Barco (1986- 1990) se ha perdido una participación en alguno de ellos. Siempre al servicio extranjero puesto que fue miembro de la British Petroleum en Colombia y nunca ha sacado a Colombia adelante, ni mucho menos le importa: en Estados Unidos el Reserva Federal (FED) (es el banco central del estado norteamericano) tiene dos mandatos: mantener la inflación y regirse por políticas de empleo. Pero en Colombia, el Banco de la República solo tiene un mandato: mantiene el nivel de los precios del país.  Esto es una demostración sobre lo que es un hombre con conciencia de clase, así sea esta burguesa. Legisla a favor de la pequeña élite colombiana y muy a favor de agencias y empresas multinacionales. O si no otro ejemplo: la deuda pública nacional llega a los U$47 billones o que hayan 1’400.000 familias campesinas desintegradas gracias al desplazamiento forzoso, mientras que las ganancias de los burgueses y terratenientes siguen en auge.

No se nos olvide que la fórmula vicepresidencial del fascismo de “dedo parado”, prometió, en 2011 cuando era ministro, 17,302 predios de 186,804 que había prometido, es decir, solo un 9%... para este año se había comprometido con un millón de vivendas… ¿y dónde están?

VAMOS AL PARO NACIONAL
CONSTRUYAMOS LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE
DESMONTEMOS EL ESMAD
EXIJAMOS LA LIBERTAD DE HUBERT BALLESTEROS, DAVID RABELO Y 9500 PRES@S DE CONCIENCIA

 CYB: 5 AÑOS DE LUCHA JUNTA AL PUEBLO